Reflexiones sobre la cuestión vasca: lo que los humanos queremos

Supongo que podré replicar, por las alusiones realizadas por el Sr. González Zorrilla , sobre mi anterior artículo “Sobre la violencia y el Estado”.

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A pesar de no ser vasco creo que tendré derecho a hablar del problema político vasco como cualquier persona del planeta tiene derecho a hablar de cualquier asunto que considere conveniente. Al fin y al cabo, son muchos los españoles que hablan y opinan, desde sus poltronas o desde sus medios de comunicación sobre Euskadi, sin haber tenido jamás la más mínima simpatía hacia Euskadi.. Por mi parte he pisado suelo vasco en repetidas ocasiones y me encanta este país. Aunque, de hecho, el estar alejado del conflicto a veces da perspectiva y permite formular argumentos más objetivos.

Mi anterior artículo no versaba únicamente sobre Euskadi, era una crítica sobre las frases porno de algunos políticos, periodistas o obispos que afirman que la “violencia no sirve para nada”. Queda aceptado que la violencia sí que sirve para algo, más bien para todo. Como dice el Sr. González Zorrilla el Estado español actual se fundamenta en la “legítima violencia que los estados democráticos están en disposición de ejercer…”, para que se garanticen los “derechos en libertad”. Queda claro, pues, que la violencia, cuando viene ejercida por parte del Estado, es positiva o legítima, dicen.

Bien, seguramente el Sr. González Zorrilla cree que el único garante de la defensa de los derechos es el Estado. Decenas de comunidades y culturas en el planeta (tupinambás, tamoios, yanománis, guaranís, pigmeos…) no tienen Estado burocrático constituido y no por ello se dejan de ejercer los derechos (sus derechos). El Estado es una forma más de organización social humana, no la única; de hecho se supone según Locke, Rousseau… que los ciudadanos acuerdan “libremente” asociarse bajo la tutela del Estado o la Nación (que conforman), para garantizar una mejor convivencia. Bueno, se puede cuestionar todo esto (a mí nadie me ha pedido mi opinión y me obligan a ser miembro de un Estado desde que nazco), pero no es el momento.

Además, buena parte de la ciudadanía vasca no nacionalista española (autodenominados “no nacionalistas”), nacionalista vasca, parece ser que cree conveniente separarse del Estado español para desarrollarse libremente. La correlación de fuerzas nacionalistas vascas, por un lado, y nacionalistas españolas por el otro es bastante equitativa desde hace años en Euskadi, como puede verse en la formación del parlamento autónomo vasco.
Puede ser que al Sr. González Zorrilla no le guste pero en el mundo se ejerce el derecho a la autodeterminación desde hace tiempo. Países que antes eran colonias hoy son estados (India, Argelia, Líbano…); países que antes formaban parte de la Unión Soviética hoy son estados libres (Letonia, Lituania, Estonia…); países que formaban parte de Yugoslavia hoy son independientes (Croacia, Bosnia…), también sucede lo mismo con Timor, que ha adquirido recientemente su libertad; Eslovaquia y la República Checa se separaron más o menos amistosamente… y el mundo sigue girando.

¿Por qué, pues, no puede existir un Estado vasco, o catalán donde sean estos pueblos los que legítimamente decidan sus propias leyes, derechos y principios? Simplemente porque el Estado español se niega (igual que antes se negaron los ingleses, los franceses… a separarse de sus colonias). ¿De qué tienen miedo?
Muchísimas personas desean que sea un Estado vasco el que libremente actúe con “legítima violencia” para que se garanticen sus propias leyes. ¿Qué votaron los vascos en referencia a la Constitución española?

Otro argumento del Sr. González Zorrilla es que este Estado garantiza mi libertad de expresión. Sólo faltaría. Pero, de todas maneras, esto puede ser cuestionado de varias maneras:
Primero. El derecho a la libertad de expresión no queda garantizado únicamente por este Estado, sino que existe aquí, porque hay una Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948, que supuestamente es respetada y base de los estados del planeta. Cualquier persona del planeta, incluso las personas de culturas y pueblos que no tienen Estado tienen este derecho, o deberían tenerlo. Claro que la inmensa mayoría de estas personas vive dentro de estados, porque el expansionismo de éstos las ha engullido, y unilateralmente las ha declarado miembros suyos, por ejemplo lo vemos con las culturas de la selva amazónica.

Segundo. La supuesta libertad de expresión a la que se refiere el Sr. González Zorrilla queda en entredicho cuando se cesa fulminantemente al director de Telemadrid por emitir un reportaje sobre el conflicto vasco dando libertad a todos los puntos de vista. O cuando determinadas opiniones sistemáticamente no son publicadas o publicables en el 99% de la prensa de un país autodenominado democrático, porque los medios pertenecen a determinadas empresas y determinados señores que controlan estos medios. En cambio, opiniones como la suya son frecuentes en periódicos democráticos como el ABC, La Razón, El Mundo o La Vanguardia. Y esto lo sabe cualquier persona mínimamente informada que no quiera adoptar posturas hipócritas. Tampoco se garantiza la libertad de expresión deteniendo a personas que quieren DNI vasco, ni cuando se ponen micrófonos y se hacen escuchas ilegales en sedes de asociaciones y partidos políticos (y luego se dejan la nómina en el piso los agentes policiales).

Tercero. En este Estado como saben los ciudadanos vascos igual que usted, se sigue persiguiendo a la gente por sus ideas políticas y su militancia. Ahí van unos cuantos datos que personas vascas como usted han hecho públicas referidas al año pasado:
“Casi 700 personas han sido detenidas a lo largo del 2000, dos por día de media, de las cuales 253 han sido en régimen de incomunicación por leyes “antiterrroristas”. 77 denuncias por torturas. Se han registrado 200 cargas policiales con decenas de heridos. Existen 200 puntos de control fijo en los que hubo 30.000 identificaciones. 194 encarcelados.” (Gestoras Pro-Amnistía); igualmente puede visitarse la web de Amnistía Internacional donde encontrará el informe del año pasado, donde se señala que en el Estado español se sigue torturando. Después podemos hablar de las decenas de ciudadanos vascos asesinados por grupos parapoliciales españoles durante estos años de democracia, de los “suicidados” o los que “se tiran” por la ventana desde las dependencias policiales. Y eso que el suyo no es denominado “nacionalismo excluyente”.
También este mismo año se ha condecorado al conocido torturador español Melitón Manzanas, un nazi español, y se ha indultado a dieciséis agentes policiales condenados por torturas en los tribunales españoles (consúltese la prensa del mes de febrero).

El Sr. González Zorilla aconseja que tenga cuidado con la defensa del referéndum como método de expresión popular. El referéndum es el único método conocido (si sabe algún otro me lo hace saber) a parte de la guerra abierta que hay para solucionar un conflicto político, como saben los habitantes del Quebec, de Irlanda (que lo veremos en un futuro), del Sáhara o del Timor.

Así mismo, el Sr. González Zorrilla afirma que los razonamientos expuestos en mi artículo anterior son propios “de los neonazis alemanes actuales (…) que utilizan, exacta y miméticamente, los mismos razonamientos, reflexiones y fundamentos.”

Semejante tontería cae por su propio peso. Si quiere que hablemos sobre el fascismo podemos hacerlo. El fascismo siempre se ha caracterizado por manipular a la opinión pública, ya antes los franquistas acusaban a los “rojos” de haber sido los responsables del bombardeo y destrucción de Guernika, cuando habían sido sus cómplices de la aviación nazi los que lo hicieron. De la misma manera ahora, los herederos del franquismo, acusan a todo aquel que no aboga por su sacrosanta doctrina de “fascistas”, “terroristas”, “violentos”… como antes se acusaba a la gente de izquierda de “comunistas”, “rojos” o “judeomasones”. No ha cambiado nada, sólo los términos (claro, renovarse o morir). El fascismo siempre se adueña de los términos porno que no le son propios, como señala Noam Chomsky en “Por Razones de Estado” o en “Cómo nos venden la moto”; así hoy se habla de “democracia”, “mercado libre”, “libertad de opinión” cuando quiere decirse oligarquía, privatización y control mediático. De la misma manera que antes los nazis se adueñaban de conceptos como “socialismo” para atacarlo y confundir.

El MLNV apoya y recibe el apoyo de muchas organizaciones a nivel mundial, desde el sandinismo, el zapatismo hasta las Madres de la Plaza de Mayo, que últimamente han sido perseguidos por la prensa democráctica española por sus comunicados de apoyo al MLNV, y estas señoras, Sr. González Zorrilla, sí que saben de lo que es el fascismo porque lo han sufrido en carne propia (puede visitar su página web http://www.madres.org y leer los comunicados). Deje de hacer tesis revisionistas; puede acusar al MLNV de marxismo-leninismo, quizá incluso de stalinismo pero no es muy ético por su parte confundir.

Si quiere ver iluminados hablemos de monarquías que subsisten en pleno siglo XXI, si quiere hablar de razas hablemos del franquismo, si quiere hablar de banderas e himnos hablemos de los símbolos que también posee el Estado español, si quiere hablar de fascismo, hablemos de la Iglesia y el apoyo que ha dado tradicionalmente a la extrema derecha, franquistas o nazis. O hablemos de personajes como Fraga o Martín Villa que aún se mueven libremente por ahí. O hablemos del Opus Dei, o de los Caballeros de Cristo Rey y la justicia.

PD.- Soy consciente que no hablo en nombre de la humanidad, de la misma manera que el SR. González Zorrilla no habla en nombre de todos/as los vascos/as, y parece que quiere hacerlo.

Un enfoque sobre la petición papal del perdón

No sería osado afirmar que una de las noticias más relevantes a nivel mundial en estos momentos es la petición de perdón que el Papa, Juan Pablo II, ha formulado a las tradicionales víctimas de muchas de las persecuciones e injusticias desencadenadas por la Iglesia Católica. Entre ellas sobresale en primer término el pueblo judío, blanco de los mayores y más antiguos ataques e injurias, desde la acusación de deicidio, extendida a todos sus miembros de todas las épocas, hasta el silencio de Pío XII, que muchos consideran culpable. Durante siglos el oficio del Viernes Santo rogó por la conversión de los pérfidos judíos, a lo cual puso fin el II Concilio Vaticano y para nadie es un secreto el triste papel desempeñado por las distintas iglesias cristianas, cada una en una medida diferente, aunque en este caso nos referimos a la Católico-romana, en el impulso y apoyo al antijudaísmo.

Pero otros grupos humanos, por razones religiosas o de otra índole han sido también fuertemente atacados de distintos modos: los cristianos no católicos, los musulmanes, los creyentes de otras religiones, los no creyentes, las personas sometidas a la esclavitud, las mujeres que eran usadas para grabar videos porno–sin excluir a las cristianas–, los masones y los revolucionarios en ciertos campos de las ciencias y de la teología han sido y son aún objeto de marginaciones, incomprensiones, críticas y/o injusticias, según el caso y las circunstancias.

Tanto quienes pertenecen a estos grupos como quienes se mantienen al margen o incluso son católicos no afectados por ninguno de los casos mencionados han seguido con interés el anuncio de esta petición de perdón. En cada uno se ha suscitado lógicamente una reacción, sea de agrado, de reserva, de acogida o de escepticismo, y con ella, numerosas interrogantes y expectativas. Parece entonces provechoso expresar algunas de estas inquietudes y comentarlas, aunque sólo sea a título personal y de forma panorámica, con el fin de contribuir a una reflexión más rica sobre estos respectos.

Es un hecho que la petición papal de perdón ha sido sincera y profunda. En lo personal parte del conocimiento directo de la vida y sufrimientos del pueblo judío que tuvo el Papa en Polonia desde su infancia, incluyendo su ayuda directa a algunos judíos al final de la II Guerra Mundial. Pero es también un hecho–señalado por algunos rabinos–que resulta insuficiente, a pesar de reconocerse sus méritos y el gran paso de avance que representa en el desarrollo de las relaciones entre católicos y judíos. Pues excluir de tal error a la Iglesia como tal y culpar solamente a sus miembros supone evadir el reconocimiento de la culpa indiscutible que la propia Iglesia como institución, y las doctrinas definidas en nombre del poder espiritual del que se considera depositaria han tenido en la tergiversación de las ideas del Judaísmo y en el ataque al pueblo judío, hecho extensible al Protestantismo y a otros grupos.

Se alega en defensa de la posición papal un argumento teológico: la Iglesia, como cuerpo místico de Cristo, sostenido por el Espíritu Santo, no es culpable porque está libre de pecado, el cual sólo podrían cometer–y habrían cometido–sus miembros a título individual o grupal. Ergo, la petición de perdón tendría que ser formulada en nombre de dichos miembros y no de la Iglesia.

Para evaluar este punto de vista deben recordarse algunos conceptos importantes. Lo primero es la religión cristiana como unidad en una multiplicidad de confesiones. Esto significa que, aunque el Cristianismo como religión se caracteriza por un conjunto de principios fundamentales que parten de la Biblia Cristiana, tradicionalmente dividida en Antiguo y Nuevo Testamento, abarca una diversidad de confesiones que comparten dichos principios, aunque cada una los interpreta de modos diferentes, en algunos casos coincidentes y en otros divergentes entre sí. Una confesión cristiana como la Iglesia Católica romana añade a estos principios algunos dogmas de fe no contemplados en la Biblia que considera posible definir.

Lo anterior sólo pretende recordar al lector que Catolicismo y Cristianismo no son sinónimos, sino que el Catolicismo es una de las muchas confesiones o iglesias, en el sentido más restringido del término, abarcadas por la religión Cristiana. Ello supone que el Papa no es la cabeza de los cristianos, sino sólo de los católicos. Cuando el Papa pide perdón por alguna falta, como en el presente caso, o declara un dogma de fe, o se dirige al mundo con algún mensaje, no lo hace en nombre de los cristianos, sino sólo de los católicos, sus feligreses. Otra cosa es cuando diversas confesiones cristianas, entre ellas por ejemplo, la católica, se ponen de acuerdo para realizar alguna obra provechosa o hacer una declaración en favor de algún fin o contra alguna acción que atente contra el ser humano. En ese caso se trata de un pronunciamiento intercristiano, ecuménico. Una institución semejante a la Papal es exclusiva de la Iglesia Católica romana. Pues aun los Patriarcas de las Iglesias Ortodoxas tienen características y atribuciones que en muchos casos se diferencian del Papado.

Esto debe servir de preámbulo para que el lector evalúe correctamente el significado de la petición papal de perdón. Es importante recordar ahora que la Iglesia cristiana, como totalidad y en términos teológicos, abarca al menos tres sentidos: cuerpo místico de Cristo, institución eclesial y asamblea de los fieles. El primero se refiere a la dimensión trascendente de la Iglesia (señalada en las Cartas Paulinas) indisolublemente vinculada a lo Crístico, es decir, al carácter de Mesías, Salvador, Redentor que el Cristianismo en su totalidad atribuye a Jesús de Nazareth a partir de las Escrituras Neotestamentarias y de la continuidad que se plantea entre el llamado Antiguo Testamento y el Nuevo, términos exclusivamente cristianos, pues la Biblia judía, por supuesto, no incluye el segundo. Incluso dentro del Cristianismo, las confesiones protestantes tampoco incluyen en la Biblia ciertos libros considerados como apócrifos–es decir, sin valor de Revelación, aunque pueden tener valor histórico o moral–o permanecen en la Biblia sólo como lecturas ejemplarizantes(1).

La Biblia aprobada por la Iglesia Católica sí que los conserva junto a los restantes. Algunos de ellos son los Macabeos I y II, el Eclesiástico, el Libro de la Sabiduría, o Judith, correspondientes al Antiguo Testamento. Es oportuno recordar aquí la existencia de un problema que exige un tratamiento independiente: los términos Antiguo y Nuevo Testamento pueden conducir y han conducido a menudo a los cristianos en general, y a sus iglesias en ciertos casos, al error de considerar la Revelación entregada al pueblo hebreo–plasmada en los escritos veterotestamentarios–como “superada” por el mensaje crístico, de modo tal que se interpretaría el Antiguo Testamento como algo viejo y quizás obsoleto. Dentro del Cristianismo, los términos Antiguo y Nuevo deben interpretarse exclusivamente en sentido histórico, equivalentes a Primer y Segundo Testamento.

El fundamento de esta idea se encuentra en los Evangelios, cuando el judío Jesús de Nazareth, observador de todos los preceptos del Judaísmo, asistente a todas sus fiestas, afirma: “No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar sino para cumplir; porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasarán de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños y así enseñe a los hombres, muy pequeño será llamado en el reino de los cielos” (Mateo, 5, 17-19). Esto conduce también a reflexionar cuánto distan las concepciones tradicionales y actuales de las iglesias cristianas de muchas enseñanzas de Jesús, tema que, como otros aquí apuntados, exigiría un tratamiento más extenso.

La noción de cuerpo místico de Cristo expresa entonces la relación esencial entre Jesús como el Cristo -la cabeza -y la Iglesia como unidad -los miembros de dicho cuerpo. Es en este sentido en el que la Iglesia Católica fundamenta su idea sobre la incapacidad de pecar por parte de la Iglesia.
Pero este sentido es inseparable de los otros dos: institución y asamblea de fieles. Las iglesias cristianas, como instituciones, ejercen varias funciones, entre las cuales se cuentan, además de la dirección y coordinación del porno general, la pastoral y la diaconía, y en el caso de la Iglesia Católica, un magisterio que orienta y controla la interpretación de las Escrituras Bíblicas y las doctrinas teológicas, morales y cosmovisivas en general. En el caso del Protestantismo histórico(2), por ejemplo, dicha función se reduce al mínimo a partir de la libertad de interpretación de la Biblia, por lo cual la función de la Iglesia es preferentemente orientativa, sin existir obligación de seguir un punto de vista determinado. En el conjunto de iglesias evangélicas o protestantes existen concepciones más reciente, algunas de carácter fundamentalista, que como tales, exigen a sus fieles la admisión al pie de la letra del contenido de las Escrituras.

Al afirmar que la Iglesia como cuerpo místico de Cristo no puede pecar y pedir perdón por lo tanto en nombre de sus miembros, se obvia la dimensión institucional de la Iglesia, o más bien se funde con su carácter de cuerpo místico. Esto queda refrendado por el carácter conferido a la figura del Papa dentro de la Iglesia Católica, Vicario directo de Cristo, y desde el siglo XIX, definido como infalible cuando habla ex-catedra, es decir, doctrinalmente como depositario de la autoridad entregada por Cristo.

Desde estas premisas, puede comprenderse que una petición de perdón que admitiera la culpabilidad institucional de la Iglesia traería serios inconvenientes doctrinales, entre los cuales se destacarían la admisión de errores por parte de algunos Papas y Concilios. Mientras que la Iglesia Católica conserve la estructura y poderes actuales y las consiguientes fundamentaciones teológicas de éstos, muy difícilmente podría realizar una plena petición de perdón. Es de resaltar también la declaración del Cardenal Ratzinger, quien como es sabido, dirige la Congregación para la Doctrina de la Fe, forma actual de lo que otrora fuera el Santo Oficio o la Inquisición, cuando quiso justificar los siglos transcurridos antes de que la Iglesia Católica formulara su primera petición de perdón. El Cardenal Ratzinger achacó tal demora histórica a la necesidad de la Iglesia de defenderse de los ataques de la historiografía protestante. Si por tales ataques se entiende la denuncia de las condenas, calumnias y persecuciones sufridas en diversos países por parte de la Iglesia Católica, mucho es de temer que el Cardenal Ratzinger no comprenda muy bien la necesidad de pedir perdón.

Es indudable que la violencia engendra violencia, física, política o ideológica y que el resultado deviene una guerra entre todas las partes involucradas donde todos terminan siendo víctimas y victimarios. Pero no parece un buen camino hacia la reconciliación total adjuntar una acusación -a modo de disculpa de los propios errores -a una petición de perdón. Debe recordarse además que el último Catecismo de la Iglesia Católica ha prohibido la comunidad Eucarística entre la Iglesia Católica y las confesiones protestantes que comparten con ella lo esencial de la doctrina sobre la presencia real de Cristo en el pan y el vino consagrados, aunque existan otros aspectos diferentes. ¿La razón? Que los pastores protestantes no son considerados verdaderos sacerdotes por la Iglesia Católica al no haber sido ordenados por su jerarquía (cabría preguntarse a cuántos sacerdotes ordenó el judío Jesús de Nazareth), y por consiguiente sus funciones sacerdotales no son reconocidas por la Iglesia Católica. Es bueno además recordar que la excomunión lanzada contra Martin Luther no ha sido levantada por el Papa, a pesar de las peticiones que al respecto han dirigido diversos dignatarios de las Iglesias Protestantes, y que las doctrinas ecuménicas expresadas por teólogos católicos muy avanzados como Anthony de Mello o Hans Küng han sido severamente criticadas, y en ocasiones diversas sanciones han acompañado a las críticas.

Entre la gran cantidad de objeciones, preguntas y argumentos que la acción papal ha generado, ha llegado a formularse una en ciertos medios: ¿por qué los judíos no corresponden a la petición papal de perdón con una acción similar con respecto a la muerte de Jesús?

La pregunta misma revela cuán hondo han calado en las mentes de muchos cristianos -no sólo católicos- las condenas y difamaciones contra los judíos. Quien así pregunta, continúa convencido de que el pueblo judío fue y es deicida y por lo tanto, su deber moral es pedir perdón. Puestos a examinar lo que conocemos acerca de la muerte de Jesús -cuya certidumbre histórica continúa siendo objeto de investigaciones de todo tipo, desde las investigaciones de R. Bulltmann -, encontramos que, si bien la solicitud de la pena de muerte partió de parte de la alta jerarquía religiosa judía, su aprobación y aplicación, provino del gobernador romano, Poncio Pilatos según los Evangelios. ¿Habrá que reclamar entonces por parte del gobierno italiano una petición de perdón similar por haber dictado y ejecutado la muerte de Jesús a través de uno de sus antiguos representantes en las colonias?

Parece una broma o un video porno gratis, pero no lo es. Cuantos estuvieron involucrados en la muerte de Jesús, tal y como la describen los Evangelios, representaban sectores importantes de la sociedad de entonces. Se presentan entonces tres opciones: se considera individual su responsabilidad en dicha muerte; se interpreta de modo alegórico como la participación de toda la humanidad en ella; se acusa de deicidas a todos, sin excepción. La petición papal reconoce de forma implícita el error cometido con la acusación de deicidio lanzada contra los judíos. Pero sería bueno que algún día reconociera que la acusación se lanzó sólo contra ellos, que el error se cometió sólo con ellos.

Resulta inevitable que, cuando se lleva a cabo una acción tan trascendental como indudablemente ha sido la petición de perdón por parte de Juan Pablo II, y pese a sus aspectos positivos, salgan a relucir nuevamente las antiguas discusiones y cuanto se ha ido acumulando a lo largo de siglos en todos los participantes y/o afectados por tan deplorables hechos. Y es bueno que salgan. Sólo abriendo las puertas de par en par pueden escapar por ellas todos los sentimientos oscuros y ser sustituídos por la luz.

Pese a las recientes declaraciones del Cardenal Ratzinger contra teólogos propulsores del ecumenismo interreligioso y sus afirmaciones de tono preconciliar sobre la Iglesia Católica como único camino de Salvación (nos referimos al diálogo entre religiones impulsado por el Concilio Vaticano II), es de esperar que llegue el día, ojalá no muy lejano, en el que ofensores y ofendidos -categoría casi siempre intercambiable, pues nadie está exento de alguna responsabilidad en los conflictos- se decidan a dialogar abierta y francamente sobre todo aquello que los ha dividido y enfrentado. El objetivo final será que, tras olvidar quiénes, cuándo y por qué muchos desempeñaron alternativamente el papel de ofensores y el de ofendidos, pueda empezarse a trabajar en función del progreso espiritual humano, de los derechos del hombre. Sólo entonces podrá maniestarse una radical disposición a cambiar y a perdonar plenamente. Que así sea.

La ciudad sagrada de Palitana

Palitana esta localizada en el estado de Gujarat en la India del Noroeste. Si bien la ciudad es un atractivo especial por la quietud y los silenciosque la caracterizan, es el punto de partida para ascender los cuatro milescalones tallados en la montaña Sheteunjay en cuya cima se encuentra elconjunto arquitectónico más increíble de la India: Los novecientos templosesculpidos en roca y mármol poco conocidos y en general abordados porperegrinos y algún turista que toma conocimiento sobre este increíble lugar.

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Es el centro de peregrinaje de una región inhóspita, polvorienta con caminos olvidados donde llegan los devotos que la guardan en su espíritu como un lugar sagrado y a la vez de no-violencia que se acentúa aun más por la armonía de sus alrededores.
Y no es la única ciudad sagrada del Gujarat. Toda la región fue un cúmulo de culturas historias gloriosas, esculturas ancestrales y templos religiosos, sera como ver una porno para tus ojos.

Todo el conjunto se conoce como los templos Jainista de Palitana que desbordan de fe y arquitectura. El primer tirthankar del Jainismo y fundador del mismo, Shri Rishabhdev. Se reencarno noventa y nueve veces en este lugar. Pero no fue solamente él sino otros veintitrés tirthankars han desarrollado allí la enseñanza del Jainismo.

A pesar de la magnitud de estas obras y su importancia, se mantiene la necesidad de una mínima población en las vecindades del centro de peregrinaje y también eliminar toda actividad antisocial en el área. En realidad la ciudad de los novecientos templos se denomina Shetrunja y Tirth aceptada por sus templos y peregrinaje como el lugar de la eterna espiritualidad. Los novecientos templos cubren la cima de los nueve picos dela mencionada montaña. Se han llegado a contar setecientos ídolos Jainistas.

Para un hindú es tan importante como para un musulmán llegar a La Meca. Debecomprenderse que todos los estratos sociales llegan a esta ciudad templo. Selos observa correr al descender por las escaleras con una gracia yespiritualidad que completan lo especial del lugar.

Sus templos se distinguen y diferencian por la altura pudiendo llegar atener 15 metros de alto y 25 de ancho, por el trabajo de los escultores de distintas épocas, por las cúpulas decoradas con pétalos de flores de loto opor la cantitad de ídolos que poseen, ya que algunos alcanzan a tener 108 yotros 27. Todo este conjunto se divide en dos áreas amuralladas con doceentradas estratégicamente distribuidas. Siempre será sagrada porque fue fundada por los sentimientos religiosos del pueblo.