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María Zambrano y su tiempo
Notas para una biografía político-filosófica


MANUEL SÁNCHEZ CUESTA

 

En este ensayo se pretende mostrar el latir de un espíritu, el de María Zambrano, que, desde que se echa a pensar hasta su aliento último, sigue tan de cerca la trayectoria histórica que le toca en suerte vivir, que la misma acabará por enroscársele al ser de tal modo que se confundirá biográficamente con ella.

En las más de las historias de la filosofía que conozco se nos presenta a los sistemas como originándose los unos de los otros, y sus autores, los filósofos, apenas aparecen sino como meros pretextos. La íntima biografía de los filósofos, de los hombres que filosofaron, ocupa un lugar secundario. Y es ella, sin embargo, esa íntima biografía la que más cosas nos explica.

Miguel de Unamuno, Del sentimiento trágico de la vida.
 

ESPAÑA DE NUEVO EN SU LABERINTO

De dar crédito a la cabalística habríamos de convenir que 2004, más que el aniversario del nacimiento de María Zambrano (1904), simboliza una fecha que vuelve a poner en el centro de nuestra conciencia de españoles el tema más recurrente de los últimos ciento cincuenta años de nuestra historia: el de la idea misma de España.

 

Y así, cuando tras lustros de esfuerzo hemos logrado romper el maleficio de esa frontera natural y cultural de los Pirineos —nuestro ser europeos, pero sin serlo del todo—, emerge de nuevo ahora ante nosotros, como acaeciera a finales del siglo XIX, profundizado por el hecho del Desastre, el tema de nuestra identidad.

Una mirada en el interior de nuestra geografía nos pone ante los ojos que a los nacionalismos históricos las amplias transferencias con las que gobiernan sus regiones cada vez les saben a menos. Y asumiendo posiciones obsoletas en un universo global como el que habitamos, están iniciando un camino secesionista, que no sólo divide gravemente a sus propias sociedades, sino que pretende tronchar el pluralismo de Estado que nos caracteriza. Con ello dejan servida otra vez la tragedia. Mediante el recurso a viejos idearios decimonónicos, en los que suelen primar un egoísmo y cortedad de miras que dan paso a la violencia física y verbal sobre el diálogo racional entre iguales, tratan de establecer nuevas reglas del juego autonómico a costa, precisamente, del constitucionalismo central que las posibilita. Violencia, pues, contra pacifismo. Autonómicas reivindicaciones incumplibles frente a la unidad y solidaridad nacionales.

continua...