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Sobre la circunstancia y la razón del estoicismo en María Zambrano

JAVIER CAMPOS DAROCA

 

El estoicismo de María Zambrano es momento cardinal de su circunstancia española. Y en su seno esta pensadora indagará sobre la posibilidad y la esperanza de una razón nueva que, de manera sorprendente, alumbrará también en el estoicismo con los claroscuros propios de las verdades que despuntan.

Filosofía incómoda donde las haya, al estoicismo no cabe la adhesión simplemente doctrinal, es decir la académicamente filosófica que pueda derivarse de la costumbre, el gusto o, incluso, de las convicciones. Aquel pensamiento que se decía viril y que tomó al soldado por modelo —un soldado peculiar, es cierto, porque dispone de la sola arma de la resistencia—, pone a la militancia en sus filas una sola exigencia, pero definitiva, la dignidad humana en circunstancias extremas. En palabras de María Zambrano: “Una doctrina que pedía la adhesión de todo hombre digno”.  

La dignidad impone una idea de la vida propia como medida en una circunstancia extrema, y para ello se nos quita eso de recurrir a las opiniones vigentes (algo que habríamos de llamar más bien “honor”). Y en la circunstancia en la que María Zambrano se dice estoica, “esa dignidad es la que hace que la vida no sea aniquilada por la hueca desolación de la barbarie. Esa dignidad es la vida.”

            Y precisamente por esa exigencia terminante de dignidad tampoco es el estoicismo algo que, en rigor, se escoja. Más bien se impone, y con la misma necesidad vital que nos hace ver que hay algo que no podemos hacer o dejar de hacer. De nuevo nuestra pensadora, en carta a uno de sus amigos más entrañables, el filósofo Rafael Dieste, declara: 

Dudo ser cristiana. El cristianismo es ¾no sé si originariamente¾ mucho de soberbia; quizá el mundo moderno ha vertido su soberbia en el cristianismo originario. No he decidido no ser cristiana, sino que dudo seriamente de serlo. Nunca hubiera creído ser estoica, y sin embargo ¡quién sabe! Lo esencial es esto: la limitación de la persona, la esencialidad de la muerte, de la cual arranca la objetividad del estoicismo. Claro que el estoico es un suicida, pero tal vez la objetividad arranque de un suicidio, de uno, de un suicidio por amor, ceder uno su propia existencia para que otra cosa sea y exista. El cristianismo no, no se suicida jamás.

 

continua...