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Carne, dioses y pensamiento en María Zambrano

VICENTE MIRÓ

 

María Zambrano distingue con bisturí experto entre “sagrado”, “divino”, dioses y Dios. Nos lleva de la mano por un recorrido a lo largo del cual comprendemos cómo el hombre en su primera hora acertó a habérselas en un mundo en el que la identificación de lo sagrado como fondo latente de “lo que hay” constituyó el paso clave en la construcción de su humanidad.

En el año de 1946, José Ortega y Gasset escribe un pequeño opúsculo de singular expresividad para comprender el desencuentro entre el mundo hispánico y el pensamiento idealista contemporáneo, base de la modernidad.

Se trata del “Comentario al ‘Banquete’ de Platón” (Obras completas, t. 9). En él, Ortega habla de las relaciones entre texto y pensamiento y de la necesidad de una Estilística, de una ciencia del estilo, capaz de abordar aquellos aspectos de la lengua que se escurren como por los agujeros de un colador al ser exclusivamente vistos bajo el punto de vista sintáctico o gramatical.

 

Abundando en estas ideas, el maestro profundiza sobre el carácter físico, corporal, de la lengua. Sobre cómo los franceses ponen la cara como para besar cuando hablan, mientras que los ingleses, tan tiesesitos, balbucean elegantemente mientras se concentran en escamotear el supuesto de la conversación.

Pues bien, el 16 de septiembre de 1956, en un congreso organizado por el famoso MIT en Cambridge, Massachussets, un joven de 28 años llamado Noam Chomsky expone un primer esbozo de la llamada Gramática Generativa, por la cual se postula la existencia de un módulo innato en el cerebro que, al contacto con unos pocos retazos de lengua reconstruye automáticamente la gramática de ese particular idioma. El ser humano sería, pues, como una radio japonesa último modelo, que, con sus preajustes de fábrica, apenas encuentra ocasión de husmear el espectro radioeléctrico, se sintoniza ella solita en un santiamén. Al entusiasmo despertado entre los asistentes al acto por tan llamativa propuesta se suma, en la sesión de la tarde, la intervención de dos jóvenes alumnos del profesor Neumann (el celebrado padre de la cibernética), quienes presentan un programa de ordenador capaz de hacer demostraciones matemáticas. La suma de estas dos ponencias dejará tan profunda huella en la comunidad académica norteamericana que, de inmediato, empezará a organizar un foro permanente para profundizar en el propósito de domeñar el secreto de la mente humana (crack the mind). Es la flamante Nueva Ciencia Cognitiva, ámbito interindisciplinar compuesto por seis ciencias provenientes de los más diversos campos (neurología, lingüística, filosofía, psicología, cibernética y antropología) y que hoy día se halla constituido como departamento estable en la mayor parte de las universidades de todo el mundo.

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