EN LOS UMBRALES DE LA POESÍA
María Zambrano merodea siempre las fronteras de la
literatura, en general, y de la poesía, en particular. Lo
hace tanto cuando se allega a la intima de Ortega, como
cuando se allega a Zubiri o incluye en su santoral a
Machado, Unamuno, Husserl o Heidegger. O cuando rescata a
Séneca, de los mismos suelos de Andalucía que ella, y a
ese título, su heredera bajo el cobijo de un credo
universal:
El hombre posee el privilegio de tener antepasados; somos
siempre hijos de alguien, herederos y descendientes. Mas
cuando se pertenece a un mundo tan completo como el de la
cultura occidental los antepasados son múltiples; tenemos
diversas tradiciones detrás de nosotros, no una sola. De
ahí el olvido y también los sucesivos renacimientos.
Entre los caudales de esas herencias y tradiciones está el
poeta y filósofo Platón, sobre cuyas amplias espaldas
traza los dos senderos principales de su pensamiento: en
primer lugar, por razones de oficio, el sendero de la
filosofía, el camino del método, “camino abierto paso a
paso, mirando adelante hacia el horizonte que se va
despejando…”
Es el camino de la razón, dice, “un camino que será
siempre una traza, una línea visible que exige ser
recorrida, y que hace sentir una especie de mandato y
entrará, sin duda alguna, como ingrediente en lo que
siempre se ha entendido como ‘responsabilidad’; pues la
forma más aguda de ser responsable es asumir el mando”. (Ibid.)
continua...
|