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La concepción poética de María Zambrano

HERÓN PÉREZ MARTÍNEZ

 

La razón poética es en María Zambrano no sólo un camino y un método de intelección sino un horizonte mental permanente por medio del cual “podemos acceder al conocimiento de la realidad más querida: el interior de nuestra vida”.

EN LOS UMBRALES DE LA POESÍA

María Zambrano merodea siempre las fronteras de la literatura, en general, y de la poesía, en particular. Lo hace tanto cuando se allega a la intima de Ortega, como cuando se allega a Zubiri o incluye en su santoral a Machado, Unamuno, Husserl o Heidegger. O cuando rescata a Séneca, de los mismos suelos de Andalucía que ella, y a ese título, su heredera bajo el cobijo de un credo universal:

El hombre posee el privilegio de tener antepasados; somos siempre hijos de alguien, herederos y descendientes. Mas cuando se pertenece a un mundo tan completo como el de la cultura occidental los antepasados son múltiples; tenemos diversas tradiciones detrás de nosotros, no una sola. De ahí el olvido y también los sucesivos renacimientos.

Entre los caudales de esas herencias y tradiciones está el poeta y filósofo Platón, sobre cuyas amplias espaldas traza los dos senderos principales de su pensamiento: en primer lugar, por razones de oficio, el sendero de la filosofía, el camino del método, “camino abierto paso a paso, mirando adelante hacia el horizonte que se va despejando…”

Es el camino de la razón, dice, “un camino que será siempre una traza, una línea visible que exige ser recorrida, y que hace sentir una especie de mandato y entrará, sin duda alguna, como ingrediente en lo que siempre se ha entendido como ‘responsabilidad’; pues la forma más aguda de ser responsable es asumir el mando”. (Ibid.)

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