Número 56 | IMPRENTA PÚBLICA | Laia Jufresa | PDF | Imprimir | Enviar
[Teresa Avedoy, Fracciona-miento, México, Sitiohabitable, 2006] principio de la década de los cincuenta, un grupo de poetas brasileños publicó un manifiesto en el que se acuñaba el término y la pretensión de la poesía concreta. La idea era explotar del texto su espacialidad, una característica, según afirmaban, antes desdeñada. Querían introducir relieve en el papel, dotar a la palabra escrita de textura, como si antes no hubiera en los libros ni pliegues ni montañas. Como si antes de ellos a nadie se le hubiera ocurrido que una novela es una casa y una canción, una avenida y un poema que puede habitarse. En fin, la idea era tomar la hoja como un plano y acomodar la palabra ya no inmediatamente después de la anterior, sino allí donde su impacto surtiera el efecto deseado. La hoja adquirió sur y norte y esquinas. La tinta se tornó ligera y el poeta pudo jugar al tetris con sus textos, antes de publicarlos. Ningún acomodo en la poesía concreta es gratuito. Ningún dedazo es dedazo. Ningún espacio en blanco está vacío de significado. La palabra, ahora nómada, comenzó a adolecer mudanzas, tropiezos, desniveles. De repente, escribir horno en una esquina, era mandar muy lejos a las panaderías. Es decir, la poesía abrazó al urbanismo. Es sólo en este abrazo que asocio la poesía concreta con Fracciona-miento. Por lo demás, sería injusto reducir un libro tan vivo como el de Teresa Avedoy a un par de preceptos. Es decir, estimado público, no se agüite, Fracciona-miento no obedece a manifiestos ni se ciñe a las normas de ninguna vanguardia. Nunca sabré si es sólo que nací demasiado tarde, o demasiado pronto, o demasiado lejos, pero algo en las vanguardias me provoca comezón. Las encuentro lógicas en su pretensión, pero huecas en sus resultados. En este libro, en cambio, nada me resulta indiferente. Hace ya muchos meses Teresa me mostró por computadora los planos de los nuevos fraccionamientos de Tijuana. Me horroricé. Pero me horroricé desde mi pequeña burbuja en mi gran ciudad. Mi burbuja cerrada y mi ciudad al centro. Así que en realidad entendí muy poco hasta que tuve el libro. Y otro tanto cuando, anteayer, de pie frente al fraccionamiento Santa Fe, me asaltaron las preguntas. Preguntas: ¿de qué se tratan los hormigueros y de qué están hechos los laberintos?, ¿quién se ha tomado el tiempo de contar estas casas, de asomarse siquiera, quién vive allí adentro?, ¿en qué mente siniestra, facilona, tautológica, cabe la idea de entretejer diez mil casas idénticas? Crecer en un lugar así, ¿cuadricula la cabeza? Las bardas que dividen una casa de otra de otra de otra, y así hasta llegar a cien y a mil, ¿unifican o separan? |