Número 66 | SOCIEDAD ABIERTA | Álvaro Aragón Rivera | PDF | Imprimir | Enviar
[*] l próximo 18 de de octubre se conmemoran 100 años del natalicio del filósofo y jurista turinés Norberto Bobbio, uno de los intelectuales más influyentes en la política y en la cultura italiana del siglo XX. Los aspectos más conocidos de su obra son aquellos referidos al derecho, a su concepción de la democracia, a su constante participación en distintos debates, como el de izquierda y derecha, al papel de los intelectuales y el de la guerra, etcétera. Son varios los rasgos que caracterizaron su trabajo intelectual: un empeño desmesurado por la precisión en el uso del lenguaje, un excesivo rigor en las definiciones filosóficas, un pesimismo como actitud filosófica y un realismo que tomó distancia de todos los realistas. Me gustaría mostrar un aspecto mucho menos conocido de su obra y que tiene que ver con su quehacer como filósofo. En este sentido, la pregunta central es muy simple: ¿cómo entendió Bobbio la filosofía política? Para él la filosofía política significó un medio para aclarar conceptos, coordinar esfuerzos para alcanzar consensos, reflexionar sobre las decisiones sopesando los mejores argumentos y adaptar los medios más idóneos para la consecución de ciertos fines; una labor filosófica, descrita por él como más modesta frente a las grandes concepciones de la filosofía, pero con una fuerte carga práctica y, por lo tanto, más útil. Estos son algunos de los rasgos que describen la manera particular de entender la filosofía política para Bobbio. En lo que sigue, mostraré cómo desarrolló una manera muy particular de entender la filosofía política. l inicio de la formación filosófica de Bobbio está marcada por tres corrientes: el idealismo, la fenomenología y el existencialismo. Los dos pensadores que más influyeron en los inicios de su formación son Benedeto Croce y Giovanni Gentile, ambos idealistas. Un idealismo que ponía al espíritu sobre la naturaleza, a la razón histórica y vital sobre la ilustrada, pero sobre todo que reducía toda la realidad a las ideas que de ella se forman los hombres. Este idealismo pronto sería desplazado por la fenomenología que —para Bobbio— era una filosofía científica, no especulativa. La fenomenología, en tanto filosofía científica, pretendía fundamentar el conocimiento científico; por ello, se puede identificar con el neopositivismo, comprendido como filosofía que reflexiona sobre la ciencia. Sin embargo, pese a esto, aún sus escritos que van de 1934 a 1940[1] están impregnados de una fuerte inclinación hacia el idealismo.
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