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num. 66, septiembre - octubre 2009
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Número 66 | DEBATES | Xavier Rodríguez Ledesma | PDF | Imprimir | Enviar

Silencios intelectuales. La crítica en tiempos de crisis
por Xavier Rodríguez Ledesma[*]

Justamente lo que sé es lo que no merece saberse. La parte más desagradable de las cosas, la serie de razones secretas, sucios motivos, soborno y extorsión que la gente denomina política. No tengo porque sentirme orgulloso de haber descendido a esas cloacas. G. K. Chesterton, El hombre que sabía demasiado

SOY TOTALMENTE… DEMÓCRATA

Hoy en día una significativa paradoja empieza a encarnar en el ámbito de la crítica y de lo político. A escasos años de haber iniciado a andar el camino en la construcción de un sistema político democrático en nuestro país, la palabra democracia junto a otros conceptos a los que se le vincula (como ciudadanía, tolerancia, pluralidad, etcétera) parece convertirse en moneda devaluada.

Haciendo abstracción de sus particulares convicciones teóricas, filosóficas, políticas, partidarias, etcétera, así como de las prácticas de real politik que acostumbran ejercer en su cotidianidad, políticos, analistas, intelectuales, opinadores y demás integrantes del denominado círculo rojo realizan denodados esfuerzos por autoasignarse al campo de los defensores y luchadores por la democracia. No hay quien no se declare demócrata fiel. El unánime acto público de fe en tan alto valor humano, se realiza sin importar que entre todos esos individuos exista una amplia gama de posiciones teóricas y accionares empíricos concretos no solamente diferentes, sino incluso contrapuestos y excluyentes.

La democracia, así en general, es lo de hoy, luego entonces sería un gravísimo error abrir la posibilidad de que la opinión pública construya una imagen de ellos alejada de los ánimos, filiaciones y nuevos vientos que corren por el mundo de lo políticamente correcto. Urge enarbolar una frase publicitaria eficiente y oportuna para las condiciones actuales del mercado de lo político. En efecto, “Soy totalmente… demócrata”, es la consigna. Tal uso indiscriminado del concepto obliga a tomarlo ya con reservas pues se ha convertido en palabra hueca que la moda y la corrección política obliga a enarbolar para poder surcar los mares de la moderna sociedad globalizada, generando una consecuencia verdaderamente atroz: la legitimación e institucionalización de una doble moral como forma válida, natural y legítima de existencia.

Ver a individuos que se venden a sí mismos como demócratas convencidos que elevan loas al cielo proclamando sus profundas convicciones políticas positivas, mientras en su práctica diaria se manejan de forma completamente distinta a lo que de acuerdo a aquellos actos públicos de fe se esperaría de ellos, constituye un fenómeno social al que nuestra sociedad poco a poco se habitúa. La doble moral impera. La evidencia de esta singular contradicción constituye parte de la explicación del oscuro matiz con el que el ciudadano de a pie, desde su sentido común, ha identificado a todo lo que tenga que ver con lo político. Chesterton lo plasmó crudamente en el epígrafe de estas páginas. El convencimiento sobre sus filias habría de ser más que intelectual, empírico.

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