Número 66 | SOCIEDAD SECRETA | Zazil Alaíde Collins | PDF | Imprimir | Enviar
[*]
la voz es voz no existe no existe aroma nuevo cerrad mis párpados
José Miguel Ullán lfonso Reyes, Carlos Pellicer, Sergio Pitol, José Vicente Quirarte, Gerardo Deniz, José Luis Cuevas o Vicente Rojo son algunos nombres constantes en la obra de José-Miguel Ullán, el poeta de los agrafismos, fallecido el pasado 23 de mayo de 2009, en Madrid. Este poeta de miradas que dilatan es raramente leído en México, pese a su estrecha relación con el mundo cultural de este país, actitud que ya no extraña en medio de una tribu artística tan poco solidaria y resentida. Aquí, Ullán participó en las lecturas de poesía en voz alta de la Casa del Lago, por ahí de los años setenta, y no sólo eso, desde España, dirigió el suplemento Culturas, conocido como “el primer suplemento cultural de México en España”. Aunque tarde, habríamos de recordarlo acercándonos a sus escritos —poesía y prosa— y a las variantes de su obra que, como Kenneth Patchen, ese poeta norteamericano, se resumen en colaboraciones con músicos y poesía visual. En realidad, la obra de Ullán me recuerda a muchos vanguardistas y a los poetas pintores de los que ya Roman Jakobson se ocupó en sus Ensayos sobre poética (traducidos por Juan Almena, nombre de pila de Gerardo Deniz): William Blake, Henri Rousseau y Paul Klee; sin embargo, si a contraluz observamos sus agrafismos (http://www.elpais. com/fotogaleria/agrafismos/Ullan/5304-1/), guardan mayor similitud estética con los “Painted Poems” de Patchen, pues, además, para ninguno tuvieron un motor plástico. A decir de Ullán, en una entrevista que le realizara José Andrés Rojo para el diario español El País (10/04/2008): “Son esos garabatos que voy haciendo cuando las palabras no llegan”. La vida, como la escritura, se teje. Ullán lo consideró también y en alguna entrevista declaró, respecto de la escritura de autores como Kafka, Swift, Edward Lear, Valle- Inclán, que “tejieron, como diría Reverdy, una inmensa tela de araña sobre toda la extensión del inmenso horizonte y, sin embargo, supieron que ellos no eran la araña, sino la mosca”. (http://www.poesiadigital.es/ index.php?cmd= entrevista&id=37). En su entretejer, se distinguen lo etéreo y las huellas, las ondulaciones en cada espiral o círculo que trazó, en las crestas del oleaje de sus caligrafías:
|