Número 66 | SOCIEDAD SECRETA | Emma Cobarrubias Cobos | PDF | Imprimir | Enviar
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ebí levantarme del maldito sillón, dejar la maldita cerveza y detenerla; pero en ese momento implicaba más que un esfuerzo físico… ¡Aun con eso debí hacerlo! —¿Esta vez no volverás? —pregunté, pero sus tacones ya se habían hundido tres escalones hacia el in - fierno. Detrás de Gaela la puerta se había cerrado muy despacio y el casi imperceptible sonido del cerrojo me preocupó… Después de todo ya nos habíamos aguantado más de seis meses. ¡Estábamos del otro lado! Nos conocimos una tarde que salí a tirar mi basura existencial y como todo es una cadena, el destino me había arrojado en el metro bús. El vaivén del camión jalaba mi cuerpo con mayor rapidez que mis pensamientos: últimamente estaba en blanco. Miraba diversas cosas: el timbre, los zapatos, las piernas, los relojes…nada, nada. Ni un solo gesto interesante, sólo utilería barata. Cerré los ojos. Y pensé: siempre queda la posibilidad de una misma. La primera posibilidad y siempre, siempre la última. Una risa infantil proveniente de mi lado izquierdo jaló mi cuerpo a 90 grados. Una niña sonreía mirando cómo su hermanita embarraba la punta del chupón en el vidrio y luego lamía. Comencé a sentir mis pupilas dilatarse; es decir; la sensación de verme como una espectadora de una película que no promete, me invadió. Estaba a punto de soltar una lágrima… —¿Es la primera vez que te subes? —Sentí una voz infectando mis oídos. Escuche mi voz ahogándose en las multitudes. Quise decir no, pero la impresión se estrelló en mi cara…No contesté. —Yo voy por la segunda vuelta —se respondió ella. Una lágrima hidrato mis sentidos. —Ahora entiendo tu cara de sueño —respondí yo infectando sus odios. —¡Nada que una cerveza no pueda solucionar! — contesto y sonrió. Mi voz se levantaba firme ahogando [las demás voces. Pocas veces me pasan cosas interesantes y siempre suceden juntas. De reojo miré las puertas cerrándose y alejándome de mi destino inmediato. —Yo iba a un concierto —dije a modo introductorio, pero…creo que un par de cervezas le restarán importancia —sonreí. El cielo arriba del World Trade Center brillaba azul. Esa madrugada salimos del “Burbu” trastabillando y cantando: “A time to be so small”. Lo último que recuerdo, es que alguien me aseguró que Paul se había puesto ebrio y había cancelado el concierto. Dos días después recobré la conciencia y lo comprobé en la radio: ¡fallas técnicas! Una voz proveniente de mi cama, reía exigiéndome una cerveza. Qué demonios me iba importar un concierto. Sonreí. |