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num. 66, septiembre - octubre 2009 |
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Número 66 | SOCIEDAD Y PATRIMONIO | Hugo Diego Blanco | PDF | Imprimir | Enviar
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n Tlaxcala la lluvia es generosa a partir del mes de junio y un nuevo paisaje con olor a tierra húmeda se abre paso. El verde de los maizales y el azul del cielo se enfrentan en el horizonte y el resultado es un destello nostálgico, triunfante. Después de que sale el sol, la pureza del paisaje es sobrecogedora, pero conforme avanza el día la sombra que proyectan las nubes sobre los sembradíos, arrastra lentamente el estruendo de la tormenta vespertina. Las nubes parecen hechas para pasarse la vida contemplándolas. Sus formas producen un placer inmenso que, además, resucita cada día; en la mañana su blancura es aérea, exaltada; pero en la tarde su azul áspero, antisocial, suspira una suerte de amenazante embeleso.  |
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