Contrario al deseo democrático que muchos imaginaron y por el cual también muchos trabajaron, en la actualidad nuestro país vive en una situación preocupante. En particular, cuando en la vida diaria observamos una sucesión de imágenes y hechos que tienen su soporte en los fenómenos de la violencia, la desorganización social y económica, la irresponsabilidad política y la desconexión entre las aspiraciones de los ciudadanos y la poca sensibilidad de nuestra clase dirigente para cubrirlas de modo decente. Lo que es evidente en el México actual es la creciente zozobra y desconfianza de numerosos sectores sociales hacia sus representantes, hacia las instituciones y, particularmente, hacia el Estado. Hay una pregunta clara que recorre la discusión que aquí se propone: ¿qué le pasó al Estado mexicano? Sobre todo en el intento de responder a la situación de crisis que él mismo ha generado y que lo ha llevado a una estrepitosa caída. Por consiguiente, nos encontramos frente al dilema de saber cuál dirección tomará el Estado mexicano en los próximos meses, incluso en los próximos años, con relación a la precaria regulación del conflicto social. De igual modo, pareciera que estamos obligados a insistir sobre la necesidad y la urgencia de edificar una nueva agenda pública de discusión y de acción política para reactivar la polvosa y olvidada relación entre sociedad y Estado. De este modo, el objetivo que hemos intentado desarrollar es una sugerencia clara: necesitamos construir los nuevos lugares de un proyecto donde estatalidad y sociedad vuelvan a tejerse y produzcan un eje central del desarrollo mexicano. Ésta es nuestra apuesta. ¿Será posible en el tiempo más inmediato?regresar
|