El Informe titulado “Muertes intolerables. Diez años de desapariciones y asesinatos en Ciudad Juárez y Chihuahua”, que Amnistía Internacional presentó el 11 de agosto de 2003 en Ciudad Juárez y la Ciudad de México en forma simultánea (reproducido íntegramente en este número fuera de serie), expresa un parteaguas en el drama que dicha frontera contempla desde diez años atrás a la fecha. Nunca un organismo de amplio prestigio internacional había expresado un juicio tan condenatorio a la negligencia e ineptitud gubernamentales en México en materia de derechos humanos.

Sin dejar de reconocer algunos esfuerzos de coordinación interinstitucional que a últimas fechas ha emprendido el gobierno de la República, el Informe de Amnistía Internacional fue muy claro en su mensaje: “más de 370 mujeres asesinadas, de las cuales al menos 137 presentan violencia sexual, reflejan una cruda realidad de la violencia que sufren las mujeres y las adolescentes en el Estado de Chihuahua desde 1993”.

Por desgracia, y a pesar de que los representantes de Amnistía Internacional encabezados por su secretaria general Irene Khan se entrevistaron con altos funcionarios del gobierno federal, incluido el presidente Vicente Fox Quesada, fue explícito el rechazo de las autoridades mexicanas al contenido del Informe.

En el fondo, se trata de dos visiones enfrentadas: mientras el gobierno mexicano insiste en que los homicidios sistemáticos contra mujeres en Ciudad Juárez y Chihuahua son delitos de “fuero común”, y que por lo tanto deben ser, en virtud del respeto a la soberanía estatal, “competencia” del estado de Chihuahua, Amnistía Internacional señala que “es un reto y un deber de las autoridades mexicanas superar estas deficiencias institucionales que promueven la impunidad y asegurar el cumplimiento efectivo de los principios establecidos por los instrumentos internacionales de derechos humanos de los cuales México es Estado parte”.

Sin lugar a dudas, hay inercias institucionales que impiden la realización de la justicia, y concitan a sus abogados y vocingleros en torno de la primera de aquellas posturas, la cual tiende a ejemplificar cómo se normaliza la barbarie de género en nuestro país. Por el contrario, cada vez son más las voces que, desde la sociedad civil, se oponen a dicho empeño retardatario y destructivo.

Este número fuera de serie de Metapolítica, dedicado a lo que en general se conoce como “Las muertas de Juárez”, ­en realidad las asesinadas de Juárez,­ es una muestra representativa, plural, abierta y generosa de textos e imágenes que reivindican, por las víctimas impunes y su memoria, la defensa a ultranza de los derechos humanos en nuestro país. Los crímenes contra la humanidad deben de ser castigados.

 

Sergio González Rodríguez