Las muertas de Ciudad Juárez

DAVID HUERTA*

… la temerosa y vibrante
llanura de sombras que es
nuestra patria…

Efraín Huerta, “Amor, patria mía”.

—Vivo con miedo, pero vuelvo a repetirlo: también vivo con el miedo de callarme, ¿cuál miedo será más válido?, o si los dos son válidos, ¿qué debo hacer entonces?…

Irene Blanco, testimonio en Huesos en el desierto, de Sergio González Rodríguez

De la cabeza a los pies, un fulgor de sangre
sobre el mapa de México. De los desiertos
a las verdes montañas insaciables, una sombra múltiple
de fulminación y vergüenza: rostros caídos y borrados,
cabellos que el viento recoge
y luego quiebra con su mano de rayos,
manos que disemina la lluvia sobre los documentos oficiales,
haces de nervios de mujeres en las pantallas de televisión,
palabras y fracturas de frases en las trasmisiones radiales.

De la punta del índice a la plenitud de la palma,
el tacto de los homicidios en toda boca y toda carne, ahora, aquí:
en la infamia de todos los días, en la mentira diminuta
del nuevo politiquillo y en el golpe certero del policía,
en el arresto inmundo y en el cohecho, en la mordida del dinero
y en la sanación diabólica del asesino, en el oficio del Ministerio Público
y en el informe trasmitido por cadena nacional.

Del aire sucio a la ciénaga de los abismos, el rastro de linfa y sanguaza
de las mujeres zarandeadas: tobillos limpios, espaldas tersas,
rodillas en medio del humo y de los basureros. De la fauna cadavérica
entre el calor inmundo del extrarradio urbano
a los restos depositados de cualquier modo en la morgue, el enigma
de los tiraderos: cuándo fueron vistas por última vez,
por qué les hicieron esto, quién las agarró así del cuello para romper
el tallo y calcinar un poco más el aire del infierno
que entre todos hacemos en esta tierra de todos de los demonios.

De las hermosas arenas de Samalayuca a la diaria salida de la fábrica,
un denso crujido anónimo de voracidad y la amenaza continua
como un anillo de tiniebla: caminar y respirar
a un ritmo constante, un pie adelante del otro, la luz de neón y las farolas
que contrastan más hondamente la oscuridad, el suelo se deshace
y el día termina, la noche avanza, el mundo se suspende.


* Poeta y colaborador del periódico El Universal.

 


Arranco la vestimenta de los otros

VELIA RANGEL*

Arranco la vestimenta de los otros
en este campo de asfalto
hurgo en cicatrices
ruidos
olores y no me reconozco
ni en la injuria

se rompe mi sombra en la luna encharcada

ni rastro del naufragio de papel
donde mi barco se perdió

sólo vías de concreto
tumba de ratas y basura
donde quedan girones de trapo
y el eterno pantano de sangre
en que se pierden increíbles batallas


* Poeta. Entre sus libros están Manto de calandrias y Dragón.


Belinda Flores-Shinshillas

 

ESPERANZA

Delicado balance
entre la realidad
y la añoranza
es la esperanza;
rosa amarilla
que de su largo tallo
levanta la mirada;
busca dentro de la luz
que le alumbra
la razón de seguir la lucha;
esa lucha que
entre la realidad
y la añoranza;
le llaman esperanza.
MEMORIA

Tantos deseos, sueños
y esperanzas vividas;
tantos atardeceres contemplados
y amaneceres compartidos;
tantos sufrimientos que lloramos
y alegrías que gozamos;
tantos momentos juntos
y segundos transcurridos;
tanta vida capturada
en instantes inolvidables;
tantos intensos recuerdos,
que juntos escribimos
en un libro llamado memoria.

SILENCIO

Tú eres la voz
que habla verdad,
en medio
de un inmenso
silencio.

Grito deseoso
de ser escuchado
y que nadie quiere oír,
y que nadie quiere hablar.

Silencio
que impusieron
aquellos que tienen
temor, dolor…
silencio
que deja a tu voz
perdida, sola…
aferrada
en el vacío
de querer decir,
y no decir nada.

 


Dedicado a las mujeres mártires
en Cd. Juárez, Chihuahua.

 

Tú que caminas
en las penumbras
de una calle
vacía…
buscando encontrar
el camino
que conduce a la luz,
tu luz
esa que se te arrebató
en un instante,
en un momento,
ser frágil
que entre la oscuridad
no encuentra,
una razón
que pueda explicar
la violación
a tu derecho
de ser semilla,
semilla
que se quedó
sin poder germinar.

Tú…
y otras tantas mas.


Tu belleza infinita
no será contemplada
nunca más,
tus deseos
de ser raíz
no serán realidad
nunca más,
tu esperanza
truncada
por la mano asesina,
no encontrará
lugar en la vida,
alguien se la llevó
para dejarla perdida
entre las voces
que nunca más
tú podrás escuchar.

Tú...
y otras tantas mas.

Tú serás grito
de tristeza profunda,
tú serás paso invisible
entre el tiempo
que no perdona,
tú serás conciencia
en un mundo ciego
que llorará
lágrimas vacías,
tu serás mujer
sin amores…
sin caricias
tanto esperadas,
tú te has marchado
para nunca volver…
nunca volver.

Tú…
y otras tantas más.
 

Por qué a mí

NAKAROWARI LEAL ORTIZ*

Nunca pensé que esto me pasaría
Que alguien me explique qué hago aquí
Que alguien me diga qué mal cometí
 
¿Por qué nadie me ayudó cuando grité en aquel lugar?
¿Acaso  nadie escucha mis gritos?
¡Soy una mujer!
¡Alguien haga algo!
Por favor deténganse, estoy viva.
 
Mamá,  perdóname,
Siempre quise ser una buena hija.
Que todos me perdonen si alguna vez les hice daño.
Que el cielo me perdone si me olvidé de mirarlo.
¡Quiero vivir!
Y no  se cuál fue mi pecado.
 
 
Dios, no me abandones.
No soy la más creyente,
Pero siempre te tuve presente.
 
¿Dónde están todos?
¡Quiero otra oportunidad!
Me falta mucho por hacer.
Lo único que quiero es mi libertad.
 
Estoy atada por un desprecio que no comprendo.
Me están robando mis sueños.
Ya no sé qué me duele más...
El cuerpo, el alma o saber de la forma más brutal
que por ser mujer me van a matar.
 
Seré mejor,
Te lo prometo, Señor.
Impide que me vuelvan a tocar.
Me  van a destrozar.
¿Por qué de nada me sirve rezar?
Ya ni siquiera puedo gritar.
 
 
A mí me enseñaron que podía ser fuerte
Y que podría llegar a donde quisiera con mi voluntad.
¡¡¡Pero en este momento  no puedo!!!
 
Esto es monstruoso.
Diabólico es poco.
Nunca imaginé esta clase de animal.
¿Por qué me odian tanto?
¿Por qué odian mi cuerpo?
 
¡Ya no, por favor!
¡Ya déjenme en paz!
¿Qué quieren de mí?
 
Esto debe ser una pesadilla
¿Y si recuerdo lo mejor de mi vida?
Tal vez disminuya el dolor.
Piensa, piensa...
¡No!...  debo seguir luchando.
¿A qué hora despertaré?
¿Nadie vendrá por mí?
 
Porque ya no tengo fuerzas para seguir…


* Estudiante y ama de casa. Madre soltera, 25 años. Sobreviviente