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Metapolítica dedica este número a analizar la arquitectura de los Estados Latinoamericanos del siglo XIX.

En su colaboración, Fernando Escalante aborda lo que aquí se ha denominado la dimensión estatal del Ejército nacional. En su opinión, la guerra, en sus distintas manifestaciones, ha sido un instrumento necesario para la construcción de toda nación. El México del siglo XIX no fue la excepción. Practicó diversos tipos de guerras –internacionales, constitucionales o de "civilización"– hasta lograr una relativa centralización de las fuerzas militares. Pero el conflicto entre las milicias cívicas territoriales y el mando de los poderes centrales militares nunca desapareció.

Los ensayos de Forte y Arroyo se inscriben, sobre todo, en la dimensión de las instituciones políticas. El constitucionalismo, la representación política, la ciudadanía y los procesos electorales son analizados comparativamente. Además, se polemiza, en forma implícita, contra Xavier Guerra. Me refiero concretamente a la manera en que enfoca el proceso de reorganización política: el tema de la transición de una ordenación de Estado de Antiguo Régimen (el Imperio español) a una constitución de Estado moderno (México y Argentina del diecinueve) en su modalidad liberal.

Finalmente, el texto de Aguilar Rivera explora la dimensión institucional, pero esta vez desde la doctrina de la separación de poderes. La formación de todo Estado liberal presupone una cierta división de poderes que puede ser discutido tanto en términos estructurales –constitucionales– como en las resoluciones de carácter histórico. Aguilar concluye, sin duda de manera polémica, que la falta de un buen diseño de poderes públicos llevó a una relativa ingobernabilidad o falta de eficacia de los Estados Latinoamericanos. Compara la estructura institucional estadounidense con la de México para fundamentar su propuesta.